María se desperto con los sueños mas vivos en el mundo real que en el mundo onírico; abrió los ojos lentamente y se aferro a las sabanas que la envolvían dentro de su cama, un dolor de cabeza le quemaba la cien, se sentía gigante, con los pies cansados, el sueño aun le seguía pesando, pero no lograba concentrarse en volver a las pesadillas. Tenia miedo, miedo de volver a esas escenas que no eran reales, pero ella las vivía como tales. Ya estaba harta de correr y correr por las calles oscuras de vaya a saber uno donde el inconsciente decidió trasladarla. Le dolía la garganta, sabe que grito, que grito hasta poder escapar, le raspaba la lengua, y el sudor corría por la frente. No solo la castigan sus pesadillas, sino que la soledad tambien la acompaña, no tiene a quien compartir sus desdichas, no tiene con quien socializar lo ocurrido, como sacarlo? como exponerlo?
Se levanto, sus pies tibios tocaron el piso frió, Atino tres pasos, y logro no desvanecerse. Ya tomo el rumbo, ya agarro el paso. Se asomo a la ventana, vio el horizonte y diviso el amanecer, ya se acercaba. Eso la hizo poner un tanto feliz, no tenia que combatir con los fantasmas nocturnos. Odiaba la noche, odiaba la oscuridad.
Ella sospecha que de allí sus pesadillas tan negras, la atormentan día a día.
No te preocupes María, ya esta saliendo el sol, y con el sol se va la oscuridad. Alegrate María, la luz te vuelve bella.