Aprendí que muchas promesas pueden resultar una ilusión, y que no todos las cumplen y que pueden doler por mucho tiempo también.
Comprendí que hay actitudes que para mi resultan una esperanza, pero otros pueden usarlas como un pasatiempo.
Entendí que el tiempo no solo se basa en minutos y segundos, se basa en sueños a largo y corto plazo.
Asumí que hay que levantarse para no caerse, pero caerse sirve para podernos levantarnos.
Me di cuenta que algunos días puedo sostener una sonrisa, pero que mañana la tristeza puede invadirnos y ahogarnos en lagrimas.
Hable con muchas personas de las penas y también de las risas, y me di cuenta de lo importante que es no estar solo cuando llegamos a la esquina.
Estudie algunas materias, pero la vida te da lecciones que no te califican en el saber. Aprender de sentimientos también forma parte de un ciclo.
Algunos seres hoy nos pueden llenar alma, y a los minutos generarnos un vacio interno, pero esas personas son las mismas, no cambian sus facciones, cambian sus pasiones.
Alguna vez me dijeron que las personas generan raíces y esas raíces no se arrancan, solo crecen. Crece el dolor o crece el olvido.
Los vientos corren, y se llevan palabras, el mar puede traerlas de nuevo, pero mas erosionadas y eso genera que nos desilusionemos, que creamos en palabras sin hechos. En palabras sueltas, palabras vacias.
